Cuando un niño(a) tiene autismo, generalmente presenta conductas que pueden alterar las actividades cotidianas de la familia o la escuela, tales como:
La relación con otros niños es inadecuada (jala, golpea, grita etc.); y no sucede de manera espontánea.
Parece no comprender las reglas de los juegos cotidianos y con frecuencia no participa o se aleja antes de haberlos concluido, por lo que otros niños tienden a no incluirlo.
El sentido y el impacto de las normas de comportamiento de las personas, aparentan no tener significado.
Muchos no hablan; otros repiten frases que están escuchando o que escucharon antes. Algunos no contestan lo que se les cuestiona aunque puedan hablar; por lo que puede creerse que no escuchan.
Algunos cuantos, logran una buena expresión verbal, con uso socialmente poco apropiado.
Manifiesta molestia cuando los objetos son movidos de su lugar o se cambian actividades y rutinas sin previo aviso, lo que los hace parecer obsesivos en extremo.
Muestra comportamientos diferentes a los demás, como: balancear su cuerpo, girar sobre su propio eje o alrededor de un objeto, chupar, oler o tirar objetos, etc.
Algunos niños se ríen sin motivo y hacen sonidos con su boca o con objetos. Pueden mostrarse entretenidos con cosas que usualmente no interesan a niños de su edad.
Varios de ellos realizan con habilidad algunas actividades académicas (a veces con destreza extraordinaria) a la vez que otras se le dificultan, mostrando severa resistencia a realizarlas.
Pueden presentar comportamientos difíciles de controlar por su intensidad o por su frecuencia (confundidos con berrinches); que generalmente están relacionados con estímulos sensoriales del entorno.